El dragón chino enfrente de mi casa

Camila Cárdenas Bowles de 14 años, estudiante del Colegio Internacional De la Sierra, resultó ser la ganadora de la tercera versión del concurso Los jóvenes también contamos, organizado por EL DEBER y la Mesa Departamental de Concertación por la Lectura y Escritura. Según el jurado, el cuento mostró un manejo reflexivo y coherente del lenguaje 
      
 
 
Camila Cárdenas Bowles
Una noche en la que no podía dormir… pensando en todo y en nada, me senté sobre mi cama logrando ver por mi ventana miles de cosas, cosas que a cualquiera le hubiera parecido sólo cosas, cosas que aquella vez… a mi me parecieron asombrosas.
Éste era el cuadro que veía por mi ventana: un horizonte de copas de árboles, dos palmeras, los techos de miles de casas, de las chimeneas de éstas salía un humo que parecía interminable y de los tres edificios vecinos al mío.
Todo parecía normal, pero de repente logré ver una bestia con movimientos envolventes, alrededor de la misma, miles de hombres que, con cuerdas grandísimas, parecían jalar del animal para poder capturarlo, pero no lo lograban.
Los señores parecían japoneses,  usaban kimonos con calcetines y sandalias de taco. De repente, la bestia se encogió y se estiró, logrando lanzar miles de llamas que alumbraron todo el lugar.
Y yo  que soy parte de esta historia… yo simplemente no lo podía creer, sentada, desde mi cama, viendo todas estas maravillas, creí que estaba soñando. Para comprobarlo me estrujé los ojos, estaba totalmente turumba. Para confirmar que lo que vi no era un sueño me fijé nuevamente por la ventana y esta vez logré mirar que alrededor del dragón ya no había hombres tratando de capturarlo, sino que los japoneses bailaban a su alrededor y toda esta escena mucho más cerca que antes.
No sé por qué pero siento que esa bestia a la que nombré Dragón Chino trataba de comunicarse conmigo. Esa noche sobre mi ventana dejó un sobre con muchas cartas.
Asunción, 5 de abril de 1997
Querida ahijada:
Con todo el amor de sus padrinos que la quieren y la extrañan un montón, reciba todas las bendiciones en el gran día que cumple 2 añitos de su hermosa vida.
Dios quiera que lo celebren hermoso y podamos festejar  juntos el tercer año. Mil felicidades y besos.
Lorena y con todo el amor Tico.
Esta carta estaba escrita con humo negro en el cielo, que era el único lugar donde podía estar,  pues la encomendera se accidentó en su viaje desde Paraguay y nunca fue entregada. 
Casi todos los días me sentaba a la orilla de la ventana a ver cómo bailaba el Dragón, a conversar con él y a viajar en mi mente.
Pero un día lo recuerdo bien, un 28 de enero al llegar muy cansada del colegio, estábamos conversando cuando tocaron la puerta de mi cuarto, era mi madre que al entrar, viéndome sentada ahí, me dijo que me vistiera, porque mi abuelo, que hacía ya dos meses que estaba en la clínica, se había puesto mal. Al llegar a la clínica vi por una pequeña ventanilla de terapia intensiva cómo mi abuelo me saludó débilmente, entré y me senté a su lado, tomé su mano y me dijo: “No me olvides, yo nunca te olvidaré, sé siempre tú misma. Recuérdame en el futuro”.
A mis catorce años, ya había perdido como cinco perros y ahora, a mi abuelo. 
Todos esos días de permanentes velorios y entierros ni me acerque a la ventana, no sé por qué, hasta que un día volví y ahí estaba mi querido Dragón, que me dio unas instrucciones: “En esos momentos en los que te sientas sola y triste acuérdate que puedes salir de ésta, como de las que tendrás que salir siempre, nunca te sientas sola, siempre va a haber alguien en el mundo que piense en ti, como yo. Cuenta conmigo para ayudarte y si  no estoy, habrá un cuaderno para que escribas cómo te sientes, un oso de peluche para que lo abraces, y un globo aerostático para que viajes a muchos mundos”.
A partir de ese día llegaba a quedarme horas mirando por la ventana, viajando a miles de lugares. Todos eran totalmente diferentes, por ejemplo, algunos eran fantásticos como estar flotando en una nube que me hace despejar mi mente, hasta un simple bolsillo vacío de una camisa que cuelga de un perchero que a su vez cuelga de un ropero. Y paso el tiempo así, en el que no vivo la realidad, vivo en una fantasía solo mía que es parte de mi realidad.
El Dragón es muy mi amigo, siempre que llego del colegio él está sentado en la ventana con los pies colgando aguardando a mi llegada, el encuentro consigo mismo. Pero hay un problema, estoy creciendo, estoy dejando de creer, aunque no entiendo por qué el crecer implica el dejar de creer, por qué la madurez implica el no poder divertirse.
No lo sé y esta fantasía está dejando de ser una real fantasía y se esta convirtiendo en una triste realidad.
Estoy parada en la ventana tratando de agarrarme fuertemente del oso, del libro y del globo, pero me doy cuenta de que poco a poco van desapareciendo y ahí estoy yo, cayendo poco a poco al precipicio, desde el tercer piso de mi condominio, y nunca dejo de caer, tardo mucho en crecer pero al final caigo, crezco y pierdo mi infancia o queda escondida en alguna parte de mi mente.
Durante tres meses estuve en el hospital, en terapia intensiva, no dejo de pensar en el Dragón, en mi querido y viejo Dragón, trato de imaginarlo y encontrarlo en mis sueños junto con mi infancia, pero no puedo y simplemente no lo logro, ya es 15 de octubre, hoy me dan de alta. Salí al fin del coma, de este coma en mi vida, y he calculado exactamente tres meses desde que he estado aquí, tratando de recuperar mi cuerpo pero no mi alma, no mi infancia. Y pienso, por qué vivir sin eso, que es lo más importante. Me llevan en silla de ruedas al auto mientras veo los pasillos del hospital, que nunca pude llegar a conocer, doy media vuelta y ahí están mis padres alistando mis cosas, tengo una enfermedad y  mi peluche en mis manos.
Camino a casa miro la ciudad asombrada, como si fuera la primera vez, quisiera hacerme creer eso, de pronto estoy entrando en una silla de ruedas al edificio, donde me esperan Fernanda, Marcelo y María Inés, se acercan los tres a saludarme, me acuerdo de ellos pero es como si no los conociera, Fernanda toma la silla, ella y Marcelo se pelean por llevarme, María Inés va por delante, entramos a mi departamento, José maría está viendo tele, como siempre; Remedios cocinando, ahora Marcelo tiene la potestad de mi silla. Y yo cruzo los dedos mientras nos dirigimos a mi cuarto, esperando no sé qué cosa, al Dragón.
Marcelo y María Inés me ayudan porque ven que intento pararme, lo logro, y todo está como lo dejé. Es de noche, ahora las nubes tienen forma de dragón, y la luna ocupa el lugar de uno de sus colmillos, derramo una lágrima. Crecí.

One Response to “El dragón chino enfrente de mi casa”

  1. Gustavo Cárdenas Ayad on Enero 21st, 2010 at 5:48 pm

    Lo sorprendente de este cuento, es que tiene cuatro golpes bajos al lector.Felicidades a la autora !!!!!!!

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